Cómo evitar que el perro ladre

Los ladridos de los perros, además de que puede ser el síntoma de algún malestar o enfermedad en el animal, alteran los nervios de las personas de su entorno y, si vivimos en comunidad, puede llegar a ser un problema vecinal. El ladrido es una forma más que tiene nuestra mascota de comunicarse, pero si lo hace de forma continuada podemos pensar que está intentando llamar nuestra atención por algún problema.

El perro es el animal social por excelencia y, si está mucho tiempo solo, manifestará su malestar en forma de ladridos. Por ello, hemos de procurar dejarlo solo el menor tiempo posible y hacer que comparta con nosotros nuestras salidas de ocio.

En el caso de que nos veamos obligados a dejarlo mucho tiempo en soledad, le compraremos juguetes adecuados a su edad y a su tamaño y le enseñaremos a entretenerse con ellos.

El ladrido de nuestro perro se puede deber, simplemente, a rabietas. Entonces, lo que tenemos que hacer es acercarnos a nuestra mascota por detrás, agarrarla de forma que la inmovilicemos, y gritar un “No” contundente.

A continuación, dejaremos al perro solo y lo ignoraremos. Cuando el perro deje de ladrar sí que iremos a junto a él y le daremos cariño, a modo de compensación por un buen comportamiento.

Por mucho que nos moleste y que nos duela pensando que el perro puede tener algún sufrimiento, el único acercamiento que debemos tener cuando nuestro perro ladre es el señalado en el punto anterior. Así que, cuando nuestra mascota ladre de forma continuada, tenemos que ignorarlo, de modo que comprenda que con esa actuación no logra llamar nuestra atención ni consigue nuestro cariño.

Otra alternativa para que nuestro perro no ladre es hacer que practique mucho ejercicio y, si es posible, socializando con otros animales y personas. De este modo, lograremos que nuestra mascota esté feliz y saludable y no requiera nuestra atención constante para estar satisfecha.

Nunca debemos recurrir a un bozal para que nuestro perro no ladre cuando estamos ausentes y no moleste a los vecinos. Lo único que conseguiríamos de este modo es que la mascota esté frustrada y mucho más ansiosa. Además, aunque sería una solución ante el ruido que provoca en el vecindario, estaríamos actuando de una forma cruel con el animal.

Si seguimos todas las pautas indicadas y nuestro perro sigue ladrando, debemos acudir al veterinario ya que puede que el ladrido sea el síntoma de una enfermedad que nosotros no hemos detectado.